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sábado, 10 de mayo de 2014

La felicidad duradera

El apóstol Pablo, uno de los primeros cristianos quien escribió varios libros del Nuevo Testamento, dice en una carta que escribió a una iglesia en la ciudad de Corinto: “Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.”1
En una carta a otra iglesia, Pablo sigue enfatizando la satisfacción que se puede encontrar en Jesús—una satisfacción que supera las circunstancias mundanas: “No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”2
La felicidad duradera que buscamos sencillamente no se puede encontrar en cosas mundanas: otro dólar, otra botella, otro bocado. Para encontrar la paz y la satisfacción eterna, debemos buscar más allá de nosotros mismos.
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miércoles, 7 de mayo de 2014

La importancia de la oración.

La oración es nuestro bastión, la columna vertebral de la vida cristiana, por lo que es determinante que aprendamos al respecto. Sabemos que Dios nos ha dejado instrucciones claras y sencillas, y una de ellas es orar. Todo lo que el Señor nos pide y enseña es mucho más fácil que seguir las indicaciones del mundo. Es más fácil ser santo que vivir en pecado. Es más fácil tener una mujer que andar ocultando a la amante; es más fácil decir la verdad que verse en la angustia de recordar las mentiras que dijimos para no contradecirnos, pero las tinieblas nos venden la idea de que es más fácil pecar porque quieren destruirnos.


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miércoles, 19 de marzo de 2014

El perdón te libera de una atadura

La naturaleza misma de Dios es el amor. Nos concibió con esa condición: la de poder amar y ser amados. Sin embargo el pecado nos lleva a cuidar y alimentar el odio. La falta de amor es una atadura en nuestra vida que aprovecha Satanás ara traernos enormes problemas, a nivel espiritual y físico. Es con el poder de Dios que no solo escogemos perdonar sino que logramos perdonar. De paso, en Dios, se produce la sanidad interior que tanto necesitamos.
I.  COMO DIOS NOS AMA, DEBEMOS NOSOTROS AMAR Y PERDONAR
1.  El amor nace en el corazón.
1.1.  El amor de Dios es eterno (Jeremías 31:3)
1.2.  El amor de Dios no tiene límites (Juan 3:16)
2.  El amor de Dios debe ser correspondido
2.1.  Amando a Dios (Mateo 22:37-39)
2.2.  Amando al prójimo
Los pensamientos determinan nuestras acciones:
a.  El 80% de los pensamientos son negativos. Los siembra el adversario.
b.  El 20% de los pensamientos son positivos.
c.  Cuando juzgamos a alguien, abrimos puertas al acusador de nuestros hermanos.
d.  Criticar y juzgar nos torna negativos en la fe de pensar.
e.  Dios valora que hablemos palabras de vida y bendición.
3.  La falta de perdón es una atadura que aprovecha Satanás (Juan 10:10 a)
3.1.  Los pensamientos deben llevarse cautivos a Cristo (2 Corintios 10:5)
3.2.  Criticar y juzgar acarrea juicio (Mateo 7:1, 2)
II.  DIOS NOS DIO LA POSIBILIDAD DE ESCOGER PERDONAR
1.  Dios nos perdona por gracia, misericordia y amor..
1.1.  Desarrollamos perdón cuando comprendemos que también fallamos.
1.2.  Si sembramos perdón, cosecharemos perdón.
2.  El perdón opera bajo principios como la siembra y la cosecha (Lucas 6:37, 38)
2.1.  La misericordia triunfa sobre el juicio
2.2.  La antesala de una buena reconciliación con Dios es perdonar al prójimo y perdonarnos a nosotros.
3.  Nadie nos obliga. Cada uno escoge perdonar (Mateo 6:12, 13)
3.1.  Perdonar a quienes nos ofenden, perfecciona el perdón de Dios en nosotros (Mateo 6:14, 15)
3.2.  No perdonar al prójimo, estorba nuestro servicio a Dios (Mateo 5:23, 24)
3.3.  Arrepentirnos de juzgar al prójimo y perdonar, son llaves para salir de la prisión.
4.  La misericordia triunfa sobre la justicia (Santiago 2.13)
III.  ¿QUÉ OCURRE CUANDO PERDONAMOS?
1.  La falta de perdón afecta nuestra relación con Dios y contamina a otros (Hebreos 12:15)
2.  Cuando no perdonamos, le damos derecho legar al enemigo espiritual para que nos asedie.
3.  Si se lo permitimos, Dios nos da libertad mediante la fuerza y el poder para perdonar (Isaías 61.19
4.  Cuando perdonamos, desatamos a quien nos hizo daño (Mateo 16.19)
Conclusión:
Cuando comprendemos por las Escrituras que Dios nos ama, aprendemos a amar y a valorar la trascendencia de perdonar a quienes nos han causado daño, y por supuesto, perdonarnos a nosotros mismos. Recuerde que absolutamente nadie nos obliga a perdonar. Es una decisión personal. Y podemos avanzar en ese proceso, no en nuestras fuerzas sino en el poder de Dios. ¡El es quien sana las heridas y nos permite una vida plena! Hoy es el día oportuno para tomar una decisión sabia: perdonar.
Contacte al Autor: pastorfernandoalexis [arroba] gmail.com
Ministerio: Alianza Cristiana y Misionera Colombiana

domingo, 16 de marzo de 2014

A Dios se le conocía con varios nombres, Shalom es Dios de paz, Jireh es Dios proveedor, Jehová Sama es el que está presente, pero por sobre todo nombre, está el de Jesús. Nuestro intercesor, quien nos eligió para dar fruto y en quien tenemos autoridad como embajadores de Su amor . La llave que abre la puerta para recibir lo que oramos es el nombre de Jesús. Entonces, cuando recibimos lo que pedimos, podremos decir: “Dios me respondió, alabado y glorificado sea Su nombre” .

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jueves, 6 de marzo de 2014

Reflexion

Cuando Dios satisface una necesidad grande, creemos que es lo único que tiene para nosotros, pero no es así. Lo mismo sucedió con los diez leprosos, quienes fueron sanos, pero no agradecidos, ya que solo uno volvió y fue el único que recibió salvación y plena restauración. Realmente el Reino de Dios solamente lo alcanzó a él. Nuestro Padre quiere bendecirnos en abundancia en todo sentido, desea que Su plan perfecto se cumpla en nuestra familia, en el trabajo y en lo que nos ha llamado a hacer, pero no podrá hacerlo si tú no te das cuenta de ello y solo lo buscas para resolver un problema específico. Si pensamos en nuestras finanzas, Él quiere mejorar también nuestra relación familiar. Si piensas en tu matrimonio, Él también piensa en tus hijos y en tus nietos. Así que no le pongas límites y entrégale cada área de tu vida para que Él obre según Sus promesas. No te conformes con lo que has recibido de Dios, porque ¡hay mucho más!


Pastor Cash Luna

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lunes, 6 de enero de 2014

A vencer este 2014!!!

El año más glorioso del rey David fue cuando venció a Goliat; el año más glorioso de Josué fue cuando luchó y conquistó la tierra prometida; el año más glorioso de Moisés fue cuando liberó de la esclavitud al pueblo de Israel, cuando separó las aguas del mar porque los perseguían; y claro, el año más glorioso de Jesús fue cuando murió en la cruz por nosotros y venció a la muerte. Si tienes fe en que el 2014 será glorioso, ten por seguro que no será fácil, sino requerirá esfuerzo. Las coronas y las recompensas son para quienes ganan las batallas, porque hay un galardón detrás de cada lucha que en la que se obtiene la victoria.




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lunes, 2 de diciembre de 2013

Fortaleciendo nuestro interior.

Para fortalecer tu interior, espera en Dios y limpia tu corazón (Salmo 51:10). Nuestro corazón se renueva y fortalece con la fe. Ser cristiano no te aleja de lo externo, pero garantiza que no te afecte. Los diamantes más valiosos son los que tienen menos impurezas. Son clasificados por su peso, color, corte y claridad. A mayor transparencia y menor cantidad de rastros de carbón, más valor. Solo quienes se mantienen en santidad son utilizados por Dios. La presión de hoy, lo que te atribula es la oportunidad para formar algo precioso. Dios lo hará si lo crees.
-Pastor Cash Luna-

lunes, 21 de octubre de 2013

Regocijaos en el Señor siempre

Filipenses 4:4-6 nos anima: Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Repite una y mil veces lo que el Señor te dice: no te afanes. Recuerda que si estás tenso no demuestras tu gentileza y con esa actitud no hallarás respuestas. Ora buscando en Dios la solución de a los problemas y sé agradecido confiando que Él te dará la respuesta.

miércoles, 28 de agosto de 2013

El Hijo Prodigo

La parábola del hijo pródigo, o el hijo perdido, es una de las parábolas mas conocida de Jesús. La puedes encontrar en el evangelio de Lucas 15:11-32.
La parábola del hijo pródigo dice así:
Un hombre tenía dos hijos. El más joven de ellos vino a su padre y le dijo que quería su herencia para disfrutar antes de que su padre muriera. El padre estuvo de acuerdo y dividió sus riquezas entre los dos hijos. El hijo menor tomo su mitad y se fue de la casa. Pronto gasto todos sus bienes en una vida desenfrenada. Se vio sin nada así que el joven buscó trabajo cuidando cerdos en un campo. Tenía tanta hambre que deseo comer de la comida que les daban a los cerdos. Fue en ese punto, uno bastante bajo para el, que pensó: "En la casa de mi padre, aun los sirvientes tienen que comer. ¡Aquí estoy yo sucio y envuelto con los cerdos!" En ese instante decidió regresar a su casa con la esperanza de que su padre no lo negara y lo aceptara por lo menos como un sirviente.
Cuando el joven estaba cerca de su casa, su padre lo vio de lejos y corrió hacia él y lo abrazo. Avergonzado, el hijo dijo "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Perdóname. No merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre, tan contento de que su hijo regreso, mando a que sus siervos vistieran a su hijo con la mejor ropa, las mejores joyas y le tiraran un gran banquete. Cuando el hijo mayor escucho los ruidos de la fiesta, fue a donde su padre y se quejo. Le dijo "Padre, yo he sido fiel a ti, nunca te he fallado y en cambio nunca me has dado ni un cabrito para yo festejar con mis amigos." El padre, simpatizando con su hijo mayor y al mismo tiempo con el corazón lleno de gozo por el menor, dijo: "Hijo, todo lo mio es tuyo pero hoy celebramos porque tu hermano estaba muerto pero hoy vive, estaba perdido pero ya lo hemos encontrado."
¿Porque usó Jesús esta parábola?
El primer verso del capitulo 15 de Lucas, donde encontramos esta parábola y otras mas cortas pero con el mismo mensaje, dice que pecadores notorios iban con frecuencia a escuchar a Jesús. Los fariseos veían eso y acusaban a Jesús de asociarse con gente que tenían fama de ser malos. Jesús no respondió a sus críticos con sarcasmo, ni entro en discusión con ellos. Simplemente Jesús usó esta parábola para ilustrar el amor de Dios hacia el pecador y el gozo que siente cuando regresamos a él.
Lecciones de esta parábola
Algunos de nosotros somos como el hijo menor: Cuando el hijo menor pidió su herencia al padre era una forma de decirle al padre que no respetaba su autoridad y que lo preferiría muerto para así gozar de la vida a su manera. Dios nos ofrece una vida abundante en el, pero rechazamos su oferta y su amor para vivir de acuerdo a nuestras propias reglas.
A veces la vida que llevamos tiene todo que ver con los intereses propios y nada que ver con el plan de Dios para nosotros. Nos hundimos tanto en pecado que no estamos consientes del daño que nos estamos haciendo. Algunos tienen que caer al punto mas bajo para chocar con la realidad, tal como cuando el hijo menor se encontró en medio de los cerdos.
Otros somos como el hijo mayor: Aun siendo fieles a Dios y a nuestras iglesias, muchos creyentes cometemos la falta de juzgar a personas que consideramos malas o personas bajas. A veces cerramos las puertas de la iglesia a ciertas personas porque no queremos asociarnos con ellas. Debemos de admitir que a veces nuestra actitud hacia el pobre, el marginado, el pecador, etc., es contraria a la actitud de Dios hacia ellos. Miramos a otros y los criticamos por su pasado. El hijo mayor hiso esto con su hermano. El cristiano debe de estar siempre alegre cuando una persona, sea quien sea y tenga el pasado que tenga, regrese a los pies de Jesús.
La actitud de Dios hacia el pecador: Jesús dijo esta parábola después de haber compartido las parábolas de la oveja perdida y de la moneda perdida. En cada historia Jesús nos da a entender que Dios es quien nos busca a nosotros. Cuando nos perdemos, es Dios quien hace todo lo posible para encontrarnos. Eso, en fin, es el cristianismo. Cuando regresamos a él, dice Lucas 15:10, que hasta los ángeles se gozan con gran jubilo.
Nunca entenderemos el gran amor de Dios hacia nosotros. De acuerdo a esta parábola, Jesús nos dice que siempre habrá un lugar en el corazón de Dios para los que deciden regresar a él y ser perdonados de sus pecados.

viernes, 26 de julio de 2013

Generosidad

Hay mas promesas en la Biblia acerca del “dar” que sobre cualquier tipo de promesas, de hecho, Dios habla más acerca del “dar” que sobre el cielo y el infierno.
Porque? Porque Dios quiere que seamos como El.
Dios es un Dios generoso, de no ser por la generosidad de Dios, nosotros no podríamos tener nada, no podríamos siquiera tomar nuestro siguiente aliento de no ser por la generosidad de Dios, El quiere que aprendamos a ser generosos, es como si nos estuviera diciendo “quiero que aprendas a ser como Yo, soy generoso contigo y quiero que aprendas a ser como Yo, para ser generoso con los demás“.

Aquí tenemos una de estas promesas que Dios hace “2Co 9:6 Pero esto digo: el que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra abundantemente (con bendiciones), abundantemente (con bendiciones) también segará. ” .
Conocemos este principio porque es verdad en cada área de nuestra vida, cualquier cosa que nosotros sembremos, eso cosecharemos:
Si acostumbramos juzgar, los demás nos juzgaran
Si criticamos todo el tiempo, los demás nos criticaran
Si hablamos de los demás, entonces ellos hablaran de nosotros
Cualquier cosa que demos, lo recibiremos de vuelta, como dice el viejo adagio “con la misma moneda que pagues te han de pagar”.
Por otra parte podemos sembrar lo positivo, si nosotros sembramos animo, afirmación, cariño, recibiremos de vuelta animo, afirmación y cariño, si sembramos amor, las personas van a sembrar amor en retorno a nosotros. Dios planeo el universo de esta forma.
Y siempre recibiremos en retorno más de lo que damos, Siempre!!
Si yo siembro una semilla en la tierra no voy a recibir una semilla en retorno, voy a recibir cientos de semillas de lo que haya sembrado, así que cualquier cosa que damos lo recibiremos de vuelta multiplicado en gran manera.
Porque? Porque Dios desea que aprendamos a ser generosos; Ahora, no estoy diciendo que si damos dinero a Dios El nos devolverá el doble, nosotros cosechamos lo que sembramos cuando damos generosamente, de todas formas seria posible que cosechemos una gran fe o cosechemos grandes recompensas en el cielo, generosidad invertida para la eternidad.
Tarde o temprano debo preguntarme a mi mismo si voy a confiar en estas promesas cuando Dios dice “Yo me haré cargo de todas tus necesidades si tan solo eres generoso”.
Dios sabe que el ser generoso es opuesto a la naturaleza humana, nuestra naturaleza es acumular, amontonar, amasar, para tomarlo todo para nosotros mismos. Y ser temerosos e inseguros, pensamos que no podemos darlo nada “debo conservarlo todo, de otra forma como cuidare de mi mismo?”.
Pero Jesús enseña que la vida no consiste en lo que consigues, es acerca de lo que das, y, por el dar, nuestra fe es fortalecida.
Tres lecciones acerca de la generosidad:
- Dios es la fuente de todo cuanto tenemos, de no ser por Dios no tendríamos nada, Dios nos creo y nos ha escogido para darnos todo cuanto tenemos, El puede tomarlo todo de nuevo o puede darnos mas aun, El es la fuente y lo que tenemos es un regalo.
- Dios no necesita nuestro dinero, El simplemente usa el dar (en cualquier sentido) como un medio para fortalecer nuestra fe, El nos enseña a no ser egoístas y confiar en El.
- Dios desea que seamos generosos, así podremos cumplir nuestro propósito.
“Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes.” (2 Cor 9:8)

jueves, 27 de junio de 2013

Cómo salvar a tu familia de la ruina y la destrucción

Cómo salvar a tu familia de la ruina y la destrucción
David Wilkerson
«Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1ª Pedro 5:8).
La Biblia nos dice claramente que en los últimos días, la iglesia de Jesucristo enfrenta la ira de un diablo rabioso. «… ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo» (Apocalipsis 12:12).
El diablo apunta su ira hacia las familias
¿Hacia dónde dirige el diablo su ira? Él está apuntando a familias tanto salvas como inconversas, por todo el mundo. Él esta rugiendo como un león voraz y echándose sobre los hogares para destruirlos. Está decidido a destruir matrimonios, distanciar a los hijos, poniendo a familiares uno contra otro. Y su meta es sencilla: quiere traer ruina y destrucción a cada hogar que pueda.
Jesús hizo referencia a esta obra demoníaca cuando describió a Satanás, diciendo: «Él ha sido homicida desde el principio…» (Juan 8:44). Efectivamente, vemos el plan destructivo del diablo contra la primera familia. Fue el diablo quien entró en Caín y lo convenció para que matase a su hermano, Abel.

Y este homicida aún esta obrando. Los últimos años revelan esto de manera horrenda. Hace cuatro años, el diablo tomó control de dos muchachos en Colorado y los llevó a una rugiente destrucción. Cuando los dos muchachos entraron en la escuela superior de Columbine en una matanza infernal, el mundo quedo atónito. Mataron a una muchacha mientras ella estaba arrodillada orando, una muchacha que ellos conocían y respetaban. ¿Quién sino Satanás mismo pudo haberlos llevado a hacer esto?
Pienso en la ruina que cayó sobre las familias de las víctimas y de los homicidas. Ha habido suicidios, desórdenes mentales, divorcios, hermanos traumatizados. La destrucción de ese incidente aún retumba más allá de lo creíble. Y los padres y amigos de todos los involucrados llorarán toda una vida.
Un año después, Kathleen Hagen, una pionera en la rama de urología, educada en Harvard, entró a la habitación de sus ancianos padres mientras dormían en Chatham, Nueva Jersey, y los asfixió con la almohada. Su padre tenía 92 y su madre 86 años. Luego Hagen vivió en la casa por varios días, ignorando los cuerpos muertos en el aposento. Cuando fue arrestada, su apariencia era confusa y desaliñada. Pero no mostraba remordimientos por lo que había hecho. Los psicólogos no sabían cómo explicar por qué una mujer tan bien educada pudo asfixiar a sus padres y luego seguir su vida como si todo fuera normal.
Piensa en la devastación que nunca fue mencionada en esta horrible historia criminal. El dolor de los miembros de la familia, la angustia de los nietos –qué horrible ruina y destrucción. ¿Quién sino Satanás pudo haber llevado a una mujer respetada a matar a sus padres, por ninguna razón aparente?
Hace varios años atrás, el ‘New York Times’ escribió un reportaje inquietante: «Padres desanimados entregan a sus hijos». El artículo contaba de padres frustrados apareciendo por docenas en el sexto piso de la corte de Manhattan, para entregar a sus hijos a la adopción voluntariamente. Simplemente, ellos no podían controlarlos. Un padre no podía manejar a su hijo adolescente después que la madre murió. Otro padre entregó a su hija adolescente porque estaba viviendo salvajemente, totalmente fuera de control. Los oficiales de la corte que escucharon estos casos estaban desconcertados. Un juez le preguntó a una madre que había llevado a su hija: «¿No la quieres? ¿No te gustaría llevártela a casa?». La madre, cansada, movía la cabeza que no. La jovencita irrumpió en sollozos incontrolables.
El artículo señalaba que las familias se estaban separando a gran velocidad. La Corte Familiar de Nueva York estaba abrumada con los casos. Muchos de los niños puestos en hogares para posible adopción pronto caían en peor condición. Algunos de ellos terminaron huyendo y viviendo en las calles.
Especialmente impresionante fue otra historia en las noticias, contando de una nueva raza de drogadictos. El titular decía: «Niños usando drogas en casa con sus padres». Evidentemente, el 30% de los adictos hoy dicen que se enviciaron en casa con sus padres, quienes los introdujeron a las drogas. ¿Cómo puede suceder tal cosa?
Estos padres usaron drogas en su adolescencia. Entonces más tarde, cuando sus hijos llegaron a la adolescencia, los padres pensaron: «Nosotros usamos drogas, pero sobrevivimos. Y estamos bien hoy. Es mejor para nuestros hijos que usen drogas en casa en vez de las calles. Y es mejor para ellos que aprendan de nosotros a manejar las drogas que de sus amigos inexpertos». Así que enseñaron a sus hijos cómo fumar marihuana, sorber cocaína y usar agujas. De esta manera, razonaron ellos, podían controlar el uso de drogas de sus hijos.
Pero llegó el día de paga. Sus hijos se enviciaron y sus vidas se descontrolaron. Muchos han abandonado el hogar y viven en las calles. Están enojados con sus padres, desilusionados por su horrible consejo. Y están desalentados por la sociedad, sin futuro. Ahora los padres están descorazonados, llenos de culpabilidad, llorando lágrimas que llegan demasiado tarde. Te pregunto: ¿Cómo puede cualquier padre tomar una decisión tan necia? Ellos llevaron ruina sobre su propia familia. ¿Quién sino Satanás pudo cegar sus ojos?
Las tragedias que plagan las familias hoy están más allá de lo creíble. Y los ejemplos que mencioné son sólo aquellos que están sucediendo en Estados Unidos. Por todo el resto del mundo, un diablo rabioso está haciendo estragos. Y no se detendrá hasta que devore cada familia a su paso.

Muchas familias de creyentes han sido sacudidas por caos, tristeza y dolor. Y la devastación demoníaca ha llegado de muchas maneras: a través del divorcio, hijos rebeldes, adicciones de todas clases. Pero el resultado siempre es el mismo: una familia que antes fue feliz es separada y devorada.
Observé esto de primera mano por más de cuarenta años, cómo adictos y alcohólicos venían por ayuda a nuestros centros y fincas para drogadictos y alcohólicos. Era un gozo ver a estos hombres y mujeres devastados, maravillosamente salvados y librados de su atadura. Jesús los cambiaba sobrenaturalmente y los hacía nuevas criaturas.
Una de las señales más seguras de una conversión genuina era cuando un joven o una mujer comenzaban a mirar atrás y ver lo que el diablo les había robado. Sollozaban mientras abrazaban una foto de su cónyuge, de su criatura, o de sus padres. Como adictos, no les había importado perder a su familia; su única preocupación fue el alcohol o las drogas. Pero ahora lloraban grandes lágrimas por lo que habían perdido. Señalaban la foto y decían: «Pastor David, esa es mi esposa. Ella me amaba y yo a ella. Y este es mi hijo. Pero ahora no sé dónde están. Mire lo que perdí...».
Era trágico, devastador. En tales momentos, te das cuenta del poder destructivo de Satanás sobre estas familias. Efectivamente, la tragedia más grande nunca fue por los cuerpos devastados de los adictos, su apariencia demacrada o su expresión vacía. Más bien, era lo que se les había robado: un cónyuge, un hijo, un futuro. Peor aún era lo que fue robado de los hijos de los adictos: una oportunidad de crecer en un hogar santo, conocer el amor de Jesús, ser amado y cuidado por padres amorosos, ser enseñados, por ejemplo, cómo vivir para el Señor.
Afortunadamente, muchos de estos antiguos adictos fueron bendecidos por Dios con sus familias restauradas. O en algunos casos, encontraron una nueva familia en sus compañeros de ministerio. Pero aún gimo con ellos por la destrucción que han visto.
La única esperanza es Jesús
Ahora, permíteme regresar al título de mi mensaje: «Cómo salvar a tu familia de la ruina y la destrucción». Esto es lo que el Espíritu Santo me ha revelado sobre este asunto:
Llega el momento cuando ciertas situaciones de la vida están más allá de cualquier esperanza humana. No hay consejo, ni doctor o medicina, o cualquier otra cosa que pueda ayudar. La situación se hace imposible. Y requiere un milagro; si no, terminará en devastación.
En tales tiempos, la única esperanza es que alguien se allegue a Jesús. Alguien tiene que poner su oído, su atención. No importa quién sea, padre, madre o hijo. Esa persona tiene que tomar la responsabilidad de echar mano de Jesús. Y él tiene que decidir: «No me voy hasta que oiga del Señor. Él tiene que decirme: ‘Está hecho; ahora sigue tu camino’».
En el Evangelio de Juan, encontramos tal crisis familiar: «…Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo» (Juan 4:46). Esta era una familia de distinción, quizás hasta de la realeza. Un espíritu de muerte pendía sobre el hogar, mientras los padres cuidaban a su hijo moribundo. Puede que haya habido otros miembros de la familia en el hogar, quizás tías y tíos, o abuelos, u otros hijos. Y nos dice que toda la casa creyó, incluyendo a los sirvientes: «…Y creyó el (el padre) con toda su casa» (4:53).
Alguien en esa familia en conflicto sabía quién era Jesús y había oído de su poder milagroso. Y de alguna manera, llegó la voz al hogar, que Cristo estaba en Canaán, como a 40 kms de distancia. Desesperado, el padre se encargó de acercarse al Señor. Las Escrituras nos dicen: «Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él…» (4:47).
A través de los años, decenas de madres en nuestra iglesia se nos han acercado llorando por su asolada familia. Quizás el esposo había abandonado la familia, o un hijo estaba en la prisión, o una hija se estaba prostituyendo para mantener su vicio a las drogas. A menudo, la madre es la última esperanza que la familia tiene para acercarse a Jesús. Así que ella toma la responsabilidad para interceder y ella ha decidido orar hasta que el Señor traiga liberación. Ella compromete a otros a orar con ella, diciendo: «Está más allá de toda esperanza. Necesitamos un milagro».
El noble, en Juan 4, tuvo esa clase de determinación y logró acercarse a Jesús. La Biblia dice que él «le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir» (4:47). ¡Qué imagen maravillosa de la intercesión! Este hombre hizo todo a un lado para buscar al Señor para que le diera una palabra.
Mas Cristo le respondió: «Si no viereis señales y prodigios, no creeréis» (4:48) ¿Qué quiso decir Jesús con esto? Él le estaba diciendo al noble que una liberación milagrosa no era su necesidad más apremiante. En lugar de eso, el asunto número uno era la fe de ese hombre. Piénselo: Cristo pudo haber entrado a la casa de esa familia, puesto sus manos sobre el hijo moribundo y sanarlo. Sin embargo, todo lo que esta familia sabría de Jesús es que él obra milagros.
Cristo deseaba más para este hombre y su familia. Él quería que ellos supieran que él era Dios encarnado. Así que le dijo al noble, en esencia: «¿Crees que es a Dios a quien ruegas por esta necesidad? ¿Crees que soy el Cristo, el Salvador del mundo?». El noble contestó: «Señor, desciende antes que mi hijo muera» (4:49). En ese momento, Jesús vio fe en este hombre. Es como si Jesús dijera: «Él cree que soy Dios encarnado». Porque luego leemos: «Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive...» (4:50).
Tristemente, muchos creyentes siguen su camino antes de escuchar a Jesús. Pero este hombre se alejó en fe. ¿Cuál fue la diferencia? Él recibió una palabra del Señor. Él había rogado a Dios y esperó en él en fe. Y él no se fue hasta que recibió la promesa de vida. «Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue» (4:50).
La iglesia de Jesucristo debe estar ocupada ganando almas, y la mayoría de los cristianos son fieles haciendo esto. Oramos por las naciones perdidas, por avivamiento en nuestras ciudades y por nuestros vecinos inconversos. Doy gracias a Dios que su pueblo está haciendo este vital trabajo.
Pero, déjame preguntarte: ¿Quién esta orando fielmente por tu padre, madre, hermana, hermano, primo/a, abuelos inconversos? La oración por nuestros seres queridos debe ser de mayor importancia en nuestras vidas. Después de todo, la responsabilidad por tal oración descansa sobre aquellos que tienen el oído del Señor, que están lo suficientemente cerca de él para hacer tales pedidos. Ahora, si ese no eres tú, ¿entonces quién? ¿Quién orará fervientemente por la salvación de tu familia, si tú no lo haces?
Quizás piensas: «He testificado a mi familia por años. He vivido mi testimonio ante ellos fielmente. Ellos conocen mis convicciones. Sólo tengo que entregárselos a Jesús ahora». Es cierto que necesitamos entregar a nuestros seres amados al ministerio de convicción del Espíritu Santo, pero confiar en el Espíritu no significa que abandonemos la oración urgente por nuestra familia. Si dejamos de interceder por ellos estamos diciendo, en efecto: «No hay esperanza».
Confiar en el Señor significa hacer lo opuesto. Si realmente creemos en él para su salvación y liberación, rogaremos como hizo el noble: «Por favor, Jesús, ven ahora. Actúa rápidamente, antes que mi ser amado se pierda para siempre». Sólo una oración agresiva y ferviente puede combatir los dardos destructivos de Satanás para arruinar nuestra familia. Oraciones a medias no derribarán las fortalezas. Tenemos que ser sacudidos de nuestras propias preocupaciones y ponernos en serio con la oración. Y tenemos que quedarnos cerca de Jesús hasta que llegue su palabra.
Cuando los hijos se deslizan
Cuando Cristo estaba en las costas de Tiro y Sidón, «…una mujer cananea que había salido…clamaba diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio» (Mateo 15:22). Satanás se había mudado al hogar de esta mujer y tomó posesión de su hija. La palabra para ‘gravemente’ aquí viene de la raíz que significa depravada. En resumen, la muchacha era vil, mala, manejada por Satanás.
Ahora bien, ésta no era una mala madre. Aunque ella era gentil, ella creía. Después de todo, se dirigió a Jesús como «Señor, Hijo de David». En efecto, ella esta diciendo: «Tú eres el Salvador, el Mesías de Dios». En este momento, viene la pregunta: ¿Cómo puede Satanás tener acceso a la hija de un creyente? ¿Cómo puede el tomar posesión de niños que viven en un hogar santo?
Quizás tú eres un padre cristiano. Has criado a tu hijo en la iglesia y has hecho lo mejor para mostrarle el buen camino. Pero ahora, después de años asistiendo a la escuela dominical y escuchando sermones ungidos en la iglesia, se ha puesto frío e indiferente a las cosas de Dios. Le importa un bledo servirle a Jesús. Y te preguntas: «Señor, ¿cómo pudo suceder esto?».
A través de los años, he visto que esto les ha pasado a muchos hijos de ministros. Gran cantidad de estos jóvenes han entrado a nuestros centros de drogas ‘Desafío Juvenil’ después de estar fuera de control con las adicciones. Fueron criados en hogares santos, pero de alguna manera tomaron el mal camino. Sus vidas comenzaron a ser manejadas por poderes demoníacos, y llegaron a ser adictos a drogas, alcohol, pornografía y prostitución.
Mientras lees esto, puedes estar tomando un suspiro de alivio, pensando: «Gracias a Dios, que no es mi hijo o mi hija. Tengo buenos muchachos. Tuve cuidado de criarlos en el temor y conocimiento del Señor. Ellos conocen el camino correcto. Puede que no estén ardiendo por Jesús, pero por lo menos no están usando drogas».
Tales padres tienen derecho a ser agradecidos. Sin embargo, nunca temen que su hijo esté tibio hacia Jesús. Según el Señor mismo, estar tibio es una condición tan terrible como estar oprimido por demonios. Cuando Cristo advirtió: «Te vomitaré de mi boca», él no se estaba dirigiendo a drogadictos. Él estaba hablando a creyentes tibios en su iglesia (ver Apocalipsis 2-3). Jesús sabe que un espíritu de tibieza puede adormecer a cualquier creyente en tentaciones demoníacas infernales.
Tus hijos pueden ser amables, educados, y bien comportados. Ellos pueden alejarse de la mala compañía, respetar a los mayores y ser rectos moralmente. Pero si no son sinceros en su amor por Jesús –si están vagando espiritualmente– están en peligro. Ves, cualquier niño que es criado en un hogar de creyentes ya es el primer blanco de Satanás. El diablo persigue a aquellas familias que son más fervientes en su amor por Jesús. Pero ahora la tibieza del hijo ha facilitado el trabajo del enemigo. Él se deleitará al ver cuán fácil es atrapar a tu hijo o hija en una atadura de pecado.
Hasta los cristianos más devotos –incluyendo a ministros– pueden estar cegados por la trampa que Satanás ha tendido para sus hijos espiritualmente pasivos. El enemigo está buscando constantemente cómo apagar la menor chispa de vida espiritual que hay en ellos. Te ruego, padre cristiano: no permitas que el diablo llegue a tu hijo. Ponte sobre tu rostro diariamente y rodea a tu joven con intercesión. Dios te ha dado el poder para sacudirlo de su estado de tibieza.
Un testimonio personal
Cuando mis hijos eran adolescentes, pensé que simplemente podía amarlos y así hacerlos entrar al reino de Dios. Me dije: «Estaré disponible para mis hijos. Seré un amigo para ellos. Sólo necesito estar disponible para ellos, para que puedan comunicarme sus necesidades».
Entonces un día, mi hijo mayor, Gary, llegó llorando de la escuela. Fue directamente a su habitación y se tiró sobre la cama. Cuando le pregunté qué pasaba, contestó: «Papá, no creo que haya un Dios. Es todo un mito».
Supe entonces que todo el amor del mundo no podía resolver este tipo de ataque satánico. Y simplemente comunicarme con mi hijo no iba a solucionar el problema. No pude decirme a mí mismo: «Esto es sólo una mala etapa; se le pasará. Él es un buen muchacho; y él sabe que lo amo».
No, tuve que afrontar lo que estaba sucediendo ante mí: Satanás estaba tratando de robarle a mi hijo su fe genuina y ferviente. Yo vi a Gary entregarle su vida a Jesús a los cinco años y yo sabía que su fe era preciosa. Ahora el enemigo quería esa fe. Y estaba tratando de usar duda e incredulidad para destruirla. Efectivamente, Satanás estaba apuntando al mismo nervio central de nuestra familia: nuestra confianza en Jesús.
Yo sabía que sólo tenía una opción. Fui a mi cuarto de oración; y cerré la puerta detrás de mí, me puse sobre mi rostro, y me acomodé para la batalla. Determiné: «Satanás, no vas a tener a mi hijo». Desde ese día en adelante, clamaba al Señor a nombre de Gary. Yo rogaba: «Señor, guarda a mi muchacho del maligno».
El cambio que finalmente tomó lugar en Gary no sucedió de la noche a la mañana, o dentro de una semana, ni aun meses. Él siguió luchando con la confusión; pero llegó el momento cuando la confianza de Gary en Jesús fue restaurada. Y si has leído mis mensajes por algún tiempo, sabes que Gary ha servido en el ministerio a tiempo completo desde su adolescencia. Él es un devoto amante de Jesús. Y en este último año, tengo el privilegio de predicar a su lado en reuniones de otros ministros.
Cada uno de mis otros tres hijos tuvo sus propias pruebas de fe. Pero como sucedió con Gary, el Señor ha sido fiel para darles la victoria a Debbie, Bonnie y Greg también. Como su hermano, ellos también llegaron a ser piadosos amantes de Jesús y siervos en el ministerio. Aun así, mi intercesión por mi familia nunca se ha detenido. Ahora mi esposa, Gwen y yo nos unimos en oración a nuestros hijos adultos por nuestros diez nietos.
Una mujer que persistió en pedir
La mujer con la hija enferma persistió en buscar a Jesús. Finalmente, los discípulos le rogaron al maestro: «Señor, despídela, salgamos de ella. No deja de molestarnos». Fíjate cómo responde Jesús a las plegarias de la mujer: «Pero Jesús no le respondió palabra» (Mateo 15:23). Evidentemente, Cristo ignoró toda la situación. ¿Por qué haría esto? Sabemos que nuestro Señor nunca ha hecho oído sordo al clamor de cualquier buscador sincero.
El hecho es que Jesús sabía que la historia de esta mujer le sería contada a cada generación futura. Y él quiso revelar una verdad a todo aquel que la leyera. Así que él probó la tenacidad de la fe de esta mujer. Cuando finalmente le habló, él dijo: «No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel» (15:24). Cristo estaba diciendo, en resumen: «Yo vine para salvación de los judíos. ¿Por qué debiera malgastar mi evangelio en un gentil?».
Ahora, esta declaración hubiera alejado a muchos de nosotros. Pero la mujer no se movía; la condición de su hija era un asunto de vida o muerte para ella. Y ella no le iba a dar descanso a Jesús hasta que le diera lo que ella necesitaba.
Te pregunto: ¿Cuántas veces te das por vencido en la oración? ¿Cuántas veces te has cansado y razonaste: «He buscado al Señor. He orado y pedido. ¿Y obtuve resultados?». Bueno, ¿era un asunto de vida o muerte para ti? ¿Realmente buscaste al Señor con todo tu corazón, alma, mente y fuerza, sabiendo que no había otro recurso?
Considera cómo respondió esta mujer. Ella no respondió con una queja, o un dedo acusador, diciendo: «¿Por qué me lo niegas, Jesús?» No, la Escritura dice lo contrario: «Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!» (15:25).
Lo que sigue es difícil de leer. Una vez más, Jesús rechaza a la mujer. Sólo que esta vez su respuesta es aun más severa. Él le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos» (15:26).

Es importante para nosotros entender que los creyentes judíos de ese tiempo consideraban a los gentiles menos que los perros a los ojos de Dios. Por supuesto, Jesús no aceptaba esto; él no lanzaría una difamación racial a ninguna criatura del Padre Creador. Pero él sabía que esa mujer estaba enterada de la actitud de los judíos hacia los gentiles. Y, una vez más, él la estaba probando.
Ahora la madre le contesta: «Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de la migajas que caen de las mesas de sus amos» (15:27). ¡Qué increíble respuesta! Esta mujer decidida no iba a ceder en su persecución de Jesús; y el Señor la elogia por eso. Jesús le dijo a la mujer: «Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieras. Y su hija fue sanada desde aquella hora» (15:28).
Amados, no debemos conformarnos con migajas. Nos han prometido toda la gracia y misericordia que necesitamos para nuestras crisis. Y eso incluye cada crisis que concierne a nuestras familias, salvas o no. Somos invitados para entrar audazmente al trono de Cristo, con confianza. Y debemos presentarle cada necesidad, sea un padre incrédulo o un hijo rebelde. Puede ser que no veamos a cada ser amado ponerse bien con el Señor o cambiar su vida; pero podemos erigir grandes murallas a su alrededor, para detener su carrera al infierno. Podemos pedir convicción sobre ellos y levantar muros de protección alrededor de ellos. También podemos orar por personas en sus vidas que les testifiquen.
Pero, hay una cosa que puedo asegurarte: estas cosas no sucederán si simplemente los entregamos a su suerte. Puede que tratemos de convencernos: «Sólo tengo que tomar el asunto en fe, ahora». Pero eso es una falsa coartada. Todo lo que hace es librarnos de derramar nuestro sudor espiritual y lucha en intercesión por las almas de nuestros seres queridos.
Te insto, haz ésta tu oración: «Señor, si uno de los míos se pierde, no será porque no ore. No será porque tome por sentado la obra del Espíritu en sus vidas. Y no será porque no llore sobre ellos. Pase lo que pase, voy a luchar en intercesión por ellos, hasta que uno de nosotros regrese a casa a estar contigo».