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miércoles, 22 de mayo de 2013

Dios te ama, aunque no lo creas.

Si! Dios te ama, aunque no lo creas.

     Uno de los versículos centrales de la Biblia y por ende base de la fe cristiana, es Juan 3.16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Esta es una preciosa afirmación hecha por el Apóstol Juan y revela la razón de Dios Padre al enviar a su Hijo por nosotros.
     Hoy reconozco que muchas veces al leer este versículo no capté la magnitud del mensaje, no capté su esencia. Hasta que ví que entre las letras que conforman la palabra mundo se escondía mi nombre. Fue ahí que entendí que el amor que llevó a Dios Padre a enviar a su Hijo unigénito es un amor personal.
     Bien podríamos escribir el versículo de esta manera “Porque de tal manera me amó Dios, que dio a su Hijo unigénito, para que creyendo en El, no me pierda, mas tenga vida eterna” (cursivas y subrayado añadidos míos). Fue como si el versículo hubiese saltado de la Biblia a mis ojos, como si hubiese tomado vida.
“...me amó Dios.” Pero ¿Cómo es eso que Dios me ama? Y ¿Por qué? No es fácil responder a estas preguntas, pero podríamos empezar por aceptar la inmutable verdad de que Dios nos ama. Dios nos ama a cada uno de nosotros, pero no de manera general sino de manera individual. Si! Dios te ama, lo creas o no. Es fácil decir esto pero es dificil asimilarlo, sin embargo todos relacionamos a Dios con el amor. Decimos “Dios es amor” y razón tenemos, pues esta es una de las características de Dios. El amor de Dios no tiene un motivo o una razón específica, no tiene un principio determinado, no puede ser influenciado, no te lo puedes ganar, no tiene fin, simplemente es. Dios te ama.
     Muy a pesar de esta realidad nos enfrentamos a menudo con la duda, con la idea de que tal vez Dios no me ama. O tal vez estamos completamente seguros de que Dios nos ama y sin embargo algo nos roba la seguridad que tal afirmación tiene. Puede que una parte de nosotros no este tan segura y nos este impidiendo disfrutar plenamente lo que significa saberse amado por Dios.
     Tal vez las siguientes preguntas nos pueden ayudar un poco a reflexionar en esto. Por favor, tomate un tiempo antes de responderte estas preguntas y pidele a Dios que guie tus pensamientos a traves de su Espíritu Santo. Es mi deseo que el Señor te bendiga para que sigas creciendo en el conociemiento de su Palabra, en el conocimiento de su verdad.
¿Crées que Dios te ama?
¿Éres conciente de esa realidad?
¿Has dudado que Dios te ama?
¿Te sientes amado por Dios?
¿Puedes ver el amor de Dios en tu vida?
     Si dices que Dios te ama, ¿Crées que te ama mucho? ¿Poquito? ¿A veces? ¿Nada? Pues Jesús no dió un poquito de su sangre ni tampoco mucha, la dió toda. ¿Sabes porqué lo hizo? ¿Sabes porque Jesús fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz? Para reconciliarte con Dios, para salvarte. Pero ¿porqué? Y la pregunta no tiene como fin buscar el porque necesitabas reconciliarte con Dios, no va dirigida a saber de que te salvó tu Dios sino el porque lo hizo. En la Biblia NO se nos dice que los hombres le pidieron un plan de salvación a Dios y mucho menos que fuera gratis. No hubo un hombre que intercediera por la humanidad ante Dios pidiendole un plan de salvación, como en su tiempo lo hizó Abraham pidiendo por la salvación de Sodoma y Gomorra (Génesis 18.20-33). No fue que Dios le dijo al Espíritu Santo “Espíritu Santo a que no te imaginas lo que me acaba de pedir Pépe el andaluz, me ha pedido un plan de salvación para toda la humanidad, me ayudas a convencer a Jesús para que vaya?”. Esto NO fue idea del hombre.
¿Cuál fue el motivo que llevó a Dios a idear un plan de salvación para ti? Un plan en el cual utilizó una cantidad incontable de personas, entre ellos profetas, reyes y pescadores, hombres y mujeres. Un plan el cual aun es predicado hoy en día (y gracias a Dios por esto), un plan por el cual muchos murieron por atreverse a proclamar.
     Amigos, no puedo pretender explicar lo que yo mismo no entiendo. Sólo se que el amor de Dios por mí y por tí es real. El amor de Dios se hizo carne y habitó en medio de los hombres. No hay demostración mas grande de amor que el de aquel que da su vida por sus amigos (Juan 15.13). Jesús dejó su trono, bajó a la tierra, habitó entre nosotros y dió su vida para reconciliarnos con Dios (Filipenses 2.5-8). Esta es pues la confirmación del amor de tu Padre Celestial. Dios ha dado todo por ti, hasta a su único Hijo y nada hay que El no haría por ti (Romanos 8.31-32).
     No permitas pues Amigo que la duda eche raíces en tu corazón, no permitas que pensamientos que son contrarios a los de Dios influyan en tu mente, no permitas que el diablo o el mundo te roben la seguridad que tienes en Cristo y todo lo que esto significa. Dios te cuida, te abraza, te canta, te ama, te consuela, te esfuerza, te sostiene, es tu escudo y tu lanza, tu roca fuerte, tu fortaleza. Es tu Padre Celestial que desde el vientre te conoció, te ha visto llorar y reir, te puso nombre y nada ni nadie podrá arrancarte de sus manos pues suyo eres.
Gracias Señor porque a pesar de que nos conoces nos amas...

Por Carlos Pérez

lunes, 13 de mayo de 2013

El Poder del Arrepentimiento

EL PODER DEL ARREPENTIMIENTO

Salmo 51:16-17
16Tú no te deleitas en los sacrificios ni te complacen los holocaustos; de lo contrario, te los ofrecería. 17 El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido.  (NVI)
Preguntas:
¿Qué es arrepentimiento?
¿Cuales son los beneficio del arrepentimiento?
¿Por qué es importante arrepentirnos constantemente? 

1.     ¿QUÉ ES ARREPENTIMIENTO? 
·       Arrepentimiento no es algo que se demuestra con gestos físicos tales como derramar lagrimas o simplemente expresarlo sino a través de los frutos que demuestran que verdaderamente ha existido un cambio. (Mateo 3.8) 
·       El arrepentimiento es cambiar totalmente de dirección, es decir que si íbamos caminando hacia el sur damos media vuelta y caminamos hacia el norte. (2 Crónicas 7.14) 
·       El arrepentirse y cambiar de dirección nos abre las puertas para la prosperidad en todas las áreas de nuestras vidas. (Proverbios 28.13) 
2.     EL ARREPENTIMIENTO DEBE SER CONTINUO (1ª. Corintios 11.28) 
·       El arrepentimiento no es solamente para aquellos que vienen por primera vez a Jesús ya que todos de alguna manera ofendemos a Dios si no con hechos, con palabras y aun con nuestros pensamientos por esto debemos probarnos a nosotros mismos y pedir perdón. 
·       La vida cristiana es un proceso desde el momento en que recibimos a Jesús en nuestro corazón y nos arrepentimos por primera vez de nuestros pecados El nos perdona pero debemos autoexaminarnos constantemente para que vivamos perdonados (Hechos 3.19) 
·       A la medida que vamos aprendiendo de la palabra de Dios vamos descubriendo áreas de nuestra vida de las cuales necesitamos arrepentirnos. (Hebreos 4.12) 
3.     RAZONES POR LAS QUE DEBEMOS ARREPENTIRNOS 
·         Es un mandamiento de Dios que nos arrepintamos de todo lo malo y que tomemos la decisión de cambiar nuestras vidas.
·       Es agradable a Dios, el arrepentimiento nos beneficia directamente a nosotros pero también es motivo de fiesta en el cielo. (Lucas 15.10) 
·       Son muchos los beneficios que recibimos cuando tomamos la decisión de renunciar al pecado y arrepentirnos entre los cuales se encuentra el tener la bendición de levantar nuestro rostro libre de culpas, fortaleza, esperanza, entre otras cosas. (Job 11.13-19) 
4.     ARREPENTIRSE ES DETENERNOS, RECONOCER Y CAMBIAR (Salmo 51.1-6) 
·       En este pasaje vemos a un salmista David que no le hecha la culpa a nadie sino que confiesa su pecado y apela a la misericordia de Dios para ser limpio de sus faltas. 
·       ¿Cómo podemos saber si en verdad estamos arrepentidos? Cuando nos apartamos del pecado abandonándolo totalmente y nuestras acciones a partir del arrepentimiento cambian radicalmente. (Hebreos 12.1) 
·       El arrepentimiento genuino es una decisión seguida de una acción, es decir que no es suficiente con sentirse mal por el pecado, debemos cerrar la puerta para que éste deje de afectar la relación con Dios. (Lucas 15.17-18) 
Conclusión: Desde que Jesús vino a este mundo hace mas de dos mil años se ha venido predicando acerca del arrepentimiento y los beneficios que se reciben solamente debes dar el primer paso que es aceptar a Jesús como Señor y salvador. Si necesitas arrepentirte de algo hoy pide perdón a Dios y experimenta su gracia y su misericordia.
 

Fuente:
http://aguilascfc.blogspot.com/2010/01/el-poder-del-arrepentimiento.html

lunes, 29 de abril de 2013

Una pequeña reflexion sobre la venganza y el rencor.

Una pequeña reflexion sobre la venganza y el rencor.

"No digas: yo me vengaré; espera a Jehová, y él te salvará." Proverbios 20: 22.

No tengas prisa. Deja que la ira se enfríe. No digas nada ni hagas nada para vengarte. Con seguridad actuarías neciamente si rompieras lanzas y pelearas tus propias batallas; y, ciertamente, no mostrarías el espíritu del Señor Jesús. Es más noble perdonar, y dejar que la ofensa pase. Dejar que un agravio se encone en tu pecho, y considerar la revancha, sería mantener abiertas las viejas heridas y provocar nuevas heridas. Es mejor olvidar y perdonar.

Tal vez digas que has de hacer algo, pues si no serías un gran perdedor; entonces haz lo que la promesa de esta mañana aconseja: "espera a Jehová, y él te salvará." Este consejo no te costará un centavo, pero es sumamente valioso. Ten calma y tranquilidad. Espera al Señor: cuéntale tu agravio: extiende la carta del Rabsaces delante del Señor, y esto, en sí mismo, será un alivio para tu mente afligida. Además, cuentas con la promesa: "y él te salvará". Dios encontrará la manera de liberarte. Cómo lo hará, ni tú ni yo podríamos adivinarlo, pero lo hará. Si el Señor te salva, eso será mucho mejor que meterte en altercados mezquinos y cubrirte de inmundicia al luchar con los inmundos. Ya no estés más enojado. Entrega tu caso al Juez de todo.

jueves, 11 de abril de 2013

Abrazando la batalla de la fe

 

Abrazando la batalla de la fe

Por Francis Frangipane
A pesar de los conflictos mundiales, el Espíritu Santo está guiando a la verdadera Iglesia hacia su mayor tiempo de transformación. No debemos concentrarnos en las presiones de este tiempo, como si fueran obstáculos establecidos para detenernos. En las manos del Todopoderoso, estas son las mismas armas que utiliza para perfeccionarnos.
Uno de los problemas de interpretar los eventos del fin de los tiempos, es la tendencia a enfocarnos sólo sobre un grupo de condiciones. Si sólo nos concentramos en los hechos que satanás está desatado o que la perversión, las guerras, los terremotos y las hambrunas están escalando, podríamos concluir que la dificultad y las tinieblas es todo lo que nos espera hasta el rapto. Como lo mencioné, muchas personas enseñaron que la vida se pervertirá cada vez más hasta que Cristo regrese.
Pero el mismo Espíritu que predijo las condiciones peligrosas hacia el fin de los tiempo, también pronosticó que, a pesar de las dificultades y las batallas, el Evangelio del amor de Cristo será proclamado a todas las naciones (Mateo 24:14). El Señor también dijo que la cosecha de cristianos de los últimos tiempos alcanzarán la estatura plena (Marcos 4:28-29) y los que conozcan a su Dios se fortalecerán, harán hazañas, brillarán como las estrellas y guiarán a multitudes hacia la justicia (Daniel 11:32, 12:3).
En cada tiempo Dios nos reclama caminar como vencedores. Nuestro llamado es a orar, perseverar en la guerra espiritual, interceder por nuestros líderes y soldados para no renunciar a nuestra visión de un avivamiento mundial, sin importar los escenarios que podamos enfrentar. El propio hecho que algunas naciones están experimentando un avivamiento y grandes cosechas en los últimos años (como Uganda y Fiyi), nos recuerda que también es el tiempo para nuestras propias naciones. Debemos mantener nuestro enfoque en ser como Cristo en todas las cosas. Nos debemos sentir abrumados por el torrente de maldad que se levantó sobre nuestras sociedades, pero la promesa de Dios es que cuando el enemigo proceda de esta manera, Él levantará un estandarte en su contra (Isaías 59:19).
Debemos preguntarnos, ¿nos estamos enfocando en el torrente del enemigo o somos conscientes del estandarte que Dios está levantando para detener el asalto de la maldad? No olvidemos que aún cuando las tinieblas cubran la tierra y la oscuridad profunda cubra a los pueblos, Dios promete que su gloria se levantará sobre nuestra vida y su presencia será visible a través de nosotros. Aunque parezca que las tinieblas nunca fueran a terminar, el Señor promete que al final de la guerra entre la luz y las tinieblas, “las naciones serán guiadas por tu luz, y los reyes, por tu amanecer esplendoroso” (Isaías 60:1-3). La Palabra de Dios revela que el desarrollo del panorama de los eventos de los últimos tiempos también será un “período de restauración” permanente (Hechos 3:20-21).
Esto no quiere decir que el mundo será dominado por la Iglesia (como algunos enseñan equivocadamente), sino que la verdadera Iglesia será gloriosa, dominada y transformada por Cristo. Este despliegue final de gracia será consumado en una Iglesia como Cristo, cuya madurez espiritual manifestará en la tierra la persona y las pasiones del mismo Jesucristo. Nuestra batalla es la batalla de la fe: ¿Realmente creemos lo que Dios prometió? Nuestra guerra es contra principados y poderes: ¿Creemos que Cristo “salpicará (limpiando para traer perdón y transformación) a muchas naciones”? (Isaías 52:15).
Yo creo en las promesas de Dios. Su Palabra no sólo me conforta en tiempos de tribulación, es una espada que agito durante la guerra espiritual. ¡Su Palabra fiel es lo que proclamo sobre mi familia, mi ciudad y mi nación! Considere su declaración: “… así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos” (Isaías 55:11). No importa cuánto arrecie la batalla, la Palabra de Dios no regresará hacia Él vacía.
Considere también su pacto: “Has visto bien, dijo el Señor, porque yo estoy alerta para que se cumpla mi palabra” (Jeremías 1:12). Y su accesibilidad: “Pero la justicia que se basa en la fe afirma: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (es decir, para hacer bajar a Cristo) o ¿Quién bajará al abismo? (es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). ¿Qué afirma entonces? La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos…” (Romanos 10:6-8).
No somos meros mortales tropezando ciegamente en la tierra, separados de Dios y aislados de su respuesta hacia nuestras necesidades. ¡No! Somos nuevas criaturas, nacidas de nuevo y habitación para el Espíritu Santo del Dios Todopoderoso.
Sí, pujamos e intercedemos, nos arrepentimos por nuestros pecados y por los pecados de nuestras naciones. Pero el peso de nuestra victoria no descansa sobre cuánto pujamos y gemimos, sino sobre cuán sinceramente creemos en lo que Dios prometió. El Señor no quiere que nos preocupemos sobre el futuro, quiere que lo creemos por medio del conocimiento de su voluntad, a través de la proclamación de su Palabra, la “espada del Espíritu” (Efesios 6:17) y por rendirnos ante el poder del Espíritu Santo. Luego nos promete: “Todo el que confíe en él no será jamás defraudado” (Romanos 10:11).
La espada que Dios colocó en nuestra boca y en nuestros corazones no es otra cosa que el eco de su voz en nosotros. Entonces, no podemos lloriquear por las condiciones negativas en el mundo o lamentarnos con oraciones llenas de temor e incredulidad. Abracemos la batalla de la fe. ¡Que el amor de Cristo por la humanidad sea la motivación que nos conmueve! Levante su Biblia y decrete en voz alta las promesas de la Palabra de Dios. Tome cualquier verso citado y declárelo en voz alta, con fe y autoridad. Le garantizo que si declara la Palabra de Dios con fe, se soltará el poder que hay en nuestro espíritu y a través de él. Ningún poder puede limitar las promesas que Dios inspiró en su Libro.
Nos asegura: “¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible” (Marcos 9:23). Quebrantemos las ataduras del espíritu pasivo. ¡Levantemos la espada del Espíritu y abracemos la batalla de la fe!
Señor, me arrepiento del egoísmo y el temor. ¡Entrena mis manos para la guerra! Enséñame a pararme y pelear a favor de la causa de los justos. En el Nombre de Jesús, Amén.

Fuente:http://rinconprofetico.blogspot.com/2013/01/abrazando-la-batalla-de-la-fe.html